Orlando Zapata, víctima de la represión estatal en Cuba

El disidente cubano Orlando Zapata Tamayo, un albañil de 42 años, negro y pobre, adoptado por Amnistía Internacional como preso de conciencia ha muerto de dictadura.

La explicación médica a su fallecimiento es que esta se debe a sus 85 días en huelga de hambre en resistencia a las torturas y maltratos que sufrió en prisión. Sin embargo, su prisión - y la huelga de hambre consecuente- solo se explican, por las condiciones políticas de dictadura totalitaria que existen en su país.
Orlando Zapata fue parte de los 75 opositores, entre ellos 27 periodistas,  condenados en el año 2003 a períodos que fueron de 3 a 28 años de cárcel, por hacer oposición pública al régimen cubano, luego de juicios sumarios. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos recomendó ya al gobierno de Cuba el año 2006 la anulación de las condenas porque estas se basaban en leyes que no respetaban los tratados internacionales de derechos humanos.
Este crimen de Estado ha sido condenado en el Perú no sólo por los habituales voceros de la derecha que se aprovechan de estas situaciones para golpear a cualquier causa progresista, sino también por organizaciones como la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y la Asociación Pro derechos Humanos, Aprodeh, que manifiestan así su rechazo a este tipo de represión política cualquiera sea su origen. Esta condena general al gobierno cubano por la muerte de Orlando Zapata nos hace ver la fuerza que tiene hoy en el mundo la causa de los derechos humanos y el aislamiento en el que quedan aquellos que eluden sus responsabilidades en este tema.
En el pasado cualquiera que condenara las violaciones de derechos humanos que ocurren en Cuba era tachado de agente del imperialismo yanqui y de partidario del bloqueo de Estados Unidos a Cuba. Hoy, en cambio, es muy claro que así como nada justifica el bloqueo criminal que le imponen los yanquis a Cuba, tampoco nada justifica la represión política de una disidencia interna que lo que pide son elementales libertades de expresión, reunión y, eventualmente elecciones competitivas y separación de poderes. Algo que en casi toda América Latina es moneda corriente, salvo en Cuba, que con el paso de los años ha quedado, triste paradoja, como la única dictadura supérstite en la región.
Es cierto también, que la revolución cubana produjo cambios fundamentales en ese país, permitiendo el acceso a recursos y servicios básicos a la mayoría de la población. De la misma manera que la posición de independencia nacional frente a los Estados Unidos fue una barrera para la expansión imperial y un ejemplo para el resto del subcontinente. Pero así como no se pueden negar esos logros, tampoco se puede sostener veinte años después de la caída del Muro de Berlín, que un punto de vista y el grupo que lo administra se mantengan en el poder indefinidamente sin consultarle al resto de la población.
En Otra Mirada, creemos que, la lucha por la justicia y la lucha por la libertad son inseparables, tanto en el Perú como en el resto del mundo. Esa es la única manera de poder construir un mundo justo sin conflictos de principio entre medios y fines.
En lo inmediato, la demanda al régimen cubano es la liberación de los aproximadamente 200 presos políticos que pueblan sus cárceles. Una demanda mínima para que pueda comenzar un proceso de democratización en la isla, conducido por su propia población y sin injerencias externas, que le permita en el futuro una mayor libertad a la patria de Martí.

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