Cajamarca y Espinar: se impone el diálogo*

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Por: 

Carlos Tapia

El problema de Espinar se encuentra ya encaminado hacia el diálogo, aunque los acuerdos importantes tardarán más tiempo de lo previsto en concretarse. La libertad del alcalde Oscar Mollohuanca, no solo ha permitido reencauzar el conflicto al interior de los márgenes democráticos sino, además, convertirse en una muestra palpable que si se responde a la arbitrariedad y la prepotencia con la razón, el respeto a las leyes y normas, la justeza de la lucha termina consiguiendo un amplio apoyo de la ciudadanía. Hasta los voceros y medios que exigían ya una condena definitiva de 5 a 8 años de prisión para el alcalde de Espinar, rápidamente se aislaron y optaron por el silencio. La suspensión del estado de emergencia ya es un hecho; solo falta que sea el primer acuerdo de la mesa de diálogo. En cambio, en lo de Conga en Cajamarca, la cosa no es fácil, recién parece abrirse una posibilidad para el diálogo. Santos sabe que un incremento de la violencia abre el camino para su derrota. El gobierno, por su parte, sabía que con solo esperar sin proponer nada concreto se desgastaría el liderazgo de la protesta cajamarquina; pero el desborde de los sectores extremistas, que ya empieza a notarse, amenaza a todos por igual. También, riesgosas decisiones como la marcha de mujeres embarazadas lleva la confrontación a un ámbito inesperado. Del otro lado, una huelga indefinida como la de Cajamarca, al no tener un objetivo alcanzable y un destino preciso empieza a mostrar cada vez más sus debilidades y límites. La Consigna de Conga no va, de ninguna manera, ni ahora ni nunca, es una consigna equivocada, útil para la agitación pero pobre para la finalización del conflicto a favor de la protesta. Sin embargo, Conga no está yendo y no va a ir-hasta después que se construyan los reservorios- por lo menos durante este año y el 2013. Conseguir el diálogo y una nueva negociación a partir de esta realidad es ya una victoria de la protesta cajamarquina. También, que de esta experiencia se den futuros pasos para el ordenamiento territorial y la definición de un nuevo modelo para la minería en nuestro país. Son logros sustanciales que no habría que subestimar y echarlos por la borda. Los que al interior de la protesta creen que lograrán abrirse un espacio político o conseguir un desborde popular en todo el país, no están leyendo correctamente la realidad. Por su parte, Newmont sí entiende el carácter del conflicto, de su trascendencia e impacto en toda la región y del tiempo que se necesitará para restañar las heridas. Por eso, antes de pronunciarse acerca del informe del peritaje internacional y de la propuesta presidencial hizo público su decisión de reducir su inversión para los años 2012-2013 de 1,500 a solo 440 millones de dólares. Pareciera que este anuncio de Newmont ya expresara una antelada evaluación del curso del enfrentamiento socio ambiental, de la imposibilidad- sea cual fuese el resultado de la confrontación- de llevarlo a cabo en un mar encrespado de voluntades contrarias entre el gobierno y la protesta anti minera, y también entre sectores de la población. Pero, está claro que si quiere el negocio, Newmont está obligada a aceptar la propuesta presidencial. Sin embargo, Newmont necesitaría un acuerdo básico de la protesta cajamarquina con el Ejecutivo, con suficientes bases de unidad que le garantizaran la ejecución de un proyecto minero como el de Conga, a desarrollarse en el mediano y largo plazos. De allí, el plazo de 2 años dados por ellos mismos para la inversión grande. No hay que olvidar que sus planes empresariales globales y los intereses de sus accionistas tendrán que ser tomados en cuenta, en un balance de costo-beneficio y seguridad-riesgo, para su inversión en Conga. Además, hay que considerar la preocupación por la imagen internacional que trasluciría un proyecto minero enfrentado a sectores de la población, y en donde participa como accionista el propio Banco Mundial. Por otro lado, el gobierno del presidente Humala se encuentra en una encrucijada nada fácil. Si bien, como se ha dicho, el tiempo corre a su favor y la mesa de diálogo también, el predecible escenario de la represión policial ante el desborde de la violencia tiene muchos bemoles. A diferencia de lo sucedido en Espinar, en Cajamarca habría que tomar en cuenta a los cientos si no miles de ronderos que han tomado clara y beligerante posición contra el proyecto Conga. Estando así las cosas, la apertura dialogante del gobierno y la positiva respuesta de la protesta cajamarquina, puede considerarse como la segunda fase del conflicto, ahora sentadas las partes en una mesa de diálogo y propuestas. No va a ser fácil. Ni tampoco, de la noche a la mañana, la tranquilidad va a ganar las calles de Cajamarca. No olvidar que en las mesas de negociación se expresan las correlaciones ganadas en las calles y en la opinión ciudadana.

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