El problema es más que Interior y Defensa, está en crisis la institucionalidad del país

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 El gobierno de Ollanta Humala se encuentra frente a una crisis política en desarrollo, que va mucho más allá que la previsible censura de dos de sus ministros.

La crisis de gabinete en realidad es la expresión de una crisis política mayor que tiene que ver con la notoria distancia entre la mayoría que eligió al gobierno y el grupo con el que está gobernando Humala.
 
Lo que está en juego es la gobernabilidad del país, pues instituciones importantes se encuentran bajo direcciones incompletas o cuyos plazos han vencido y su recomposición está por definirse en medio de rupturas y nuevas alianzas de gobierno, con presiones corporativas para el copamiento del poder económico sobre el gabinete y los cubileteos  de los distintos grupos de la atomizada y cuestionada  representación en el parlamento.
 
El Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo y el Banco Central de Reserva son las instituciones centrales para la gobernabilidad que requieren de acuerdos políticos para renovarse. Dentro de escasos dos meses, además, tiene que elegirse una nueva Mesa Directiva del Congreso de la República, lo que exige al oficialismo buscar nuevo acuerdos políticos, para los cuales la votación de censura traerá repercusiones. En este escenario de arduas negociaciones también está la exigida composición de un nuevo gabinete.
 
La crisis política se manifiesta en la parálisis y en otros casos de abierta ineptitud en el gobierno. No solo en Interior y en Defensa. Se ha evidenciado dramáticamente en las serias limitaciones de respuesta ante los diversos problemas del Vrae, que muestran la inoperancia escandalosa del Sistema Nacional de Inteligencia, el que depende del Jefe del Gabinete, su responsable político directo.
 
Se trata, entonces, de una crisis referida no solo al gabinete, mudo, paralizado y falsamente reducido a técnico. Estamos principalmente ante una crisis de la esfera política ciudadana y las instituciones, que expresan y forman mayorías, como las que eligieron hace menos de un año al nuevo Presidente, el que lamentablemente gobierna estos días con los que perdieron las elecciones, y que ahora buscan terminar de coparlo.
 
La cuestión de fondo es hasta cuándo se puede mantener la gobernabilidad del país si quienes nos gobiernan aplican políticas muy distintas a las que plantearon como oposición en los años anteriores y en la misma campaña electoral. Seguir con políticas fundamentales continuistas aplicadas por gobiernos que ofrecieron grandes cambios, necesariamente debilita la credibilidad y confianza en quienes dirigen los destinos de la nación. Nunca está demás recordar que quien siembra vientos cosecha tempestades.
 
Finalmente, recordando el voto rotundo y mayoritario de las elecciones generales del 2011, ante la crisis política actual, es bueno recordar las primeras líneas de la verdadera Hoja de Ruta: “Lineamientos centrales de política económica y social para un GOBIERNO DE CONCERTACION SOCIAL. El compromiso con el Pueblo Peruano firmado por Ollanta Humala establece que la TRANSFORMACIÓN que el país requiere se hará de manera gradual y persistente.”
 
 

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