Un Estado resfriado

La región sur del país viene soportando una fuerte helada y frente a esto el gobierno ha dispuesto las medidas correspondientes para asistir a la población afectada. Sin embargo, estas parece que no son suficientes. La percepción que tiene la población es la de un Estado desinteresado por lo que ocurre en las zonas más alejadas del país, como si se tratara de un Estado aquejado por un fuerte resfriado que le impidiera cumplir su labor. Ejemplo de esto, la demora en la entrega de ayuda a los damnificados. 

El Gobierno Central había destinado la entrega de 228 mil kits de abrigo. No obstante, estos no han podido ser entregados a tiempo pese a que estaba programado para el mes de abril. La ministra de la Mujer, Marcela Huaita, ha señalado que se ha generado un atraso debido a que la gestión anterior no dejó ningún trámite de licitación respecto al tema del friaje. Por este motivo, la convocatoria se programó en el mes de marzo y se firmó el contrato recién en mayo. Se tiene previsto que la ayuda llegue a todos los afectados a fines de agosto, cuando la temporada de heladas esté llegando a su fin.

Por otro lado, los 11 hospitales móviles que recientemente fueron entregados por el Ministerio de Salud al Gobierno Regional de Puno hasta el momento se encuentran inoperativos y tampoco cuentan con personal médico suficiente. Esto, pese a que se ha dispuesto la transferencia de presupuesto destinado para contratar al personal. 

La congresista Claudia Coari, a través de una nota de prensa, ha manifestado que el accionar del Gobierno Regional de Puno es más frío que el terrible clima que soporta el altiplano. El presupuesto destinado a combatir el friaje en esta región asciende a S/. 15 millones 381 mil 288; sin embargo, de esta cifra apenas se ha utilizado el 14%, equivalente a S/. 2 millones 153 mil 380. En efecto, estamos ante un problema de gestión de parte de los ministerios y las autoridades locales, quienes no se ponen de acuerdo para llevar a cabo los proyectos sociales destinados a combatir las inclemencias de la naturaleza y que en muchos casos, terminan por obstaculizar las escasas iniciativas planteadas, con trabas burocráticas o simple desinterés.

Ayuda insuficiente e inoportuna

Si bien los ministros de Salud y de Vivienda, Construcción y Saneamiento han visitado las regiones más afectadas supervisando el servicio médico e inspeccionando el mejoramiento de las viviendas, estas acciones no son suficientes. Existe un problema de falta de organización que atraviesa a todo el aparato estatal y sale a relucir en situaciones como esta. No hay un trabajo coordinado a distintos niveles del gobierno. Se plantean soluciones que fracasan al ponerse en marcha, que no perduran en el tiempo, que no son más que paliativos o peor aún, que ni siquiera llegan  oportunamente. 
 
Las poblaciones que viven en las zonas afectadas por las heladas presentan las más difíciles condiciones de vida. La pobreza es extrema y los niveles de desnutrición infantil y anemia son muy elevados. Sin acceso a servicios de salud y sin una alimentación adecuada, están más propensos a contraer infecciones respiratorias agudas, causa principal de la mortalidad infantil. Las bajas temperaturas, además, perjudican la actividad agrícola y ganadera, que representan el sustento de la mayoría de las familias en esta región. A la fecha, solo en la región Puno, se tiene reporte de la muerte de 17 niños a causa de neumonía. Esta cifra podría aumentar en los próximos días por la constante disminución de la temperatura. Asimismo, se han registrado cuantiosas pérdidas económicas debido a la muerte de más de 170 mil alpacas a consecuencia de las heladas. Lo peor de todo, es que año a año se repite esta misma situación y las soluciones planteadas desde el gobierno parecen no tener un verdadero impacto. 

El friaje que vienen soportando las regiones del sur ya no debería ser visto simplemente como un temporal. Es necesario terminar con la idea de que esta ola de frío es un fenómeno pasajero y que todo volverá a la normalidad en breve. Esta percepción es la que justifica la indiferencia de las autoridades y el desinterés para ejecutar soluciones que realmente terminen con el problema de fondo. Es necesario plantear estrategias que mejoren las condiciones de salud pública e infraestructura en la zona rural, y que estas perduren en el tiempo, que trasciendan a este gobierno. No podemos permitir que el friaje de Estado siga cobrando más vidas. 

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