Pobreza y desigualdad

Autor: Fernando Eguren (Sobre la base de comentarios en SEPIA XII)

Para tratar sobre la pobreza rural, es necesario revisar el concepto de “lo rural”.

Las definiciones usuales ya no corresponden a los actuales procesos sociales y económicos.

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) utiliza una definición más adecuada desde la década del 80, que ha sido adoptada en una publicación del 2005, del Banco Mundial, Beyond the City. The Rural Contribution to Development. Sobre la base de dicha reconceptualización, el BM hace un nuevo estimado del peso económico y demográfico de lo rural en los países de América Latina. Además de concluir que lo rural es bastante más importante de lo que usualmente se acepta, el estudio afirma que el aporte del desarrollo rural al desarrollo nacional es mayor que el de cualquier otro sector económico, y recomienda a los gobiernos hacer mayores esfuerzos para apoyarlo.

En cuanto a los estudios sobre pobreza rural, hay que preguntarse lo básico: ¿Cuál es su relevancia real? Esta pregunta no implica que dichos estudios no tengan relevancia, pero ¿para qué son útiles, por qué son importantes, qué revelan, qué no revelan, y qué es lo que uno puede hacer con estos estudios? Una ‘empobrecida’ definición de la pobreza.

Los documentos oficiales, los informes técnicos, suelen ser antecedidos por una definición de lo que es pobreza: un concepto multidimensional y complejo, que puede aceptar distintas definiciones. Algunos hacen suya la definición de desarrollo humano usualmente aceptada por el PNUD, que implica la capacidad de las personas de tener una vida larga y digna. Los aspectos que componen una vida digna son múltiples: “llevar una vida larga y saludable”, “tener acceso a la educación”, “disfrutar de un nivel de vida confortable”. Esta definición, además, considera otros componentes de esa vida digna: la libertad política, el respeto de los derechos humanos, la seguridad personal, el acceso a trabajo productivo y bien remunerado, y la participación en la vida comunitaria. La pobreza, por tanto, es la ausencia de condiciones para llevar una vida digna. Pero en las páginas siguientes suele abandonarse totalmente este concepto amplio de pobreza, para asumir definiciones más convencionales y, valga la redundancia, “pobres”: se identifica la pobreza con bajos niveles de gasto. Y aunque se trate de cuantificar económicamente elementos que son cualitativos, este concepto de pobreza pierde inevitablemente su rasgo “multidimensional”. Hay, pues, un reduccionismo del concepto. En parte los gobiernos hacen una utilización de esta simplificación conceptual para mostrar éxitos en la esfera de ‘los gastos’, lo cual no es difícil de lograr con programas redistributivos. Incrementar los gastos no es necesariamente encaminarse a la superación de la pobreza, si adoptamos una visión multidimensional de esta condición.

Pobreza y desigualdad

Es claro que hay una conexión entre pobreza, desigualdad y calidad de vida. Por lo general la condición de pobreza es un resultado de desigualdad y no a la inversa. No es que la diferencia en los ingresos crea las desigualdades; es porque hay desigualdades que hay diferencias en los ingresos.

¿Por qué hay desigualdad? Son varias la razones, entre ellas porque hay concentración de activos necesarios para la producción en pocas manos; porque hay canales de integración social por un lado, y de marginación por otra, etc. Mi pregunta es, entonces, ¿por qué los estudios sobre la pobreza, no incluyen el tema de la desigualdad? Deberían hacerlo, pues la conexión es obvia. Quizá porque es obvia, precisamente, no se analizan juntas.

Que interesante sería, por ejemplo, hacer una investigación en la cual las encuestas también incluyan a los que no son pobres, a los que tienen más de 2 dólares, diarios, y así tener información actualizada sobre los diferentes estratos de ingresos. Que se incluya en las encuestas también a los de ingresos medios y a los más ricos, lo que permitiría establecer algún tipo de correlaciones entre la evolución de la pobreza y la evolución de la riqueza. ¿Cómo evolucionan los más ricos y los más pobres? ¿Cuál es la correlación de esta evolución, y cuán significativa es? ¿Cuál es la explicación de esta correlación?

Uno de los hallazgos de tal encuesta sería muy probablemente que los pobres sí responderían a las encuestas –ya lo hacen– mientras que los más ricos la rechazarían. Francamente creo que los ricos no contestarían una encuesta de esta naturaleza. Simplemente no revelarán cuáles son sus gastos reales. (En el fondo ¿tendrán sentimientos de culpa?) Sin embargo, no creo que sea por esta razón que no se les encuesta. Es más bien porque sus resultados podrían tener una carga más o menos explosiva.

Otro elemento que quiero mencionar es la vinculación de ‘la pobreza’ con los comporta-mientos colectivos. Una persona o una colectividad se puede sentir más o menos pobre según las circunstancias que la rodean, independientemente de sus niveles de gastos. La ‘sensación’ de pobreza puede variar según los momentos y contextos. Probablemente, varios de los movimientos sociales que irrumpen con alguna frecuencia sean el resultado de una acrecentada sensación de pobreza generada por el contraste entre las reiteradas y rimbombantes declaraciones oficiales de que el Perú está viviendo una bonanza económica, y el hecho de que los pobladores se sientan que no están participando de sus beneficios.

Claro. Uno puede decir: “es mejor conocer cuántos pobres hay, cómo son, cuáles son sus características, dónde están” para, por ejemplo, tener políticas de alivio a la pobreza más focalizadas, más eficientes. Pero esto tiene sentido sólo si es que las políticas y las tendencias de la economía se orientan al mantenimiento y la profundización de la desigualdad. Como la pobreza en el Perú no es temporal sino permanente, entonces sí es necesario focalizar con precisión cuántos pobres hay y dónde están.

¿Hay bonanza? Efectivamente, la torta está creciendo. Los pobres pueden estar en mejor situación y, sin embargo, puesto que la pobreza también es una condición relativa, al mismo tiempo pueden estar en una sociedad más desigual. Si tenemos políticas que acentúan las desigualdades, puede darse el caso de que hay alivio de la pobreza y simul-táneamente profundización de la desi-gualdad.

Por ejemplo, hay una nueva concentración de la propiedad de la tierra en el país, como un rasgo que caracteríza el proceso de modernización de los espacios rurales. Está ocurriendo una redistribución regresiva de ese recurso vía mercado de tierras, adquisición de nuevas tierras recién irrigadas, fusiones de empresas agrarias, concesiones de tierras comunales a industrias extractivas, etc.

En antiguas obras de irrigación, como San Lorenzo en Piura y Majes en Arequipa, las nuevas tierras ganadas gracias a las obras de irrigación eran adjudicadas a la pequeña y mediana agricultura. En contraste, desde la década de 1990 las nuevas tierras ganadas gracias a obras de irrigación financiadas por recursos públicos, son vendidas en condi-ciones tales que sólo grandes inversionistas pueden acceder a ellas. Hay un designio con-ciente de impulsar una gran agricultura. Entonces, hay políticas deliberadas, apoyadas por todo un aparato institucional y la legislación, que conducen a la concentración de la propiedad de la tierra. Esto profundizará las desigualdades en el medio rural. Por otro lado, las industrias extractivas tienen efectos decisivos en la redefinición territorial de las áreas rurales. Producen cambios en los que ciertos actores – los campesinos - son desplazados del control territorial de su hábitat secular, por otros actores, las empresas mineras. Las empresas mineras van subordinando y desplazando a la población rural en un proceso que podemos estar viendo nosotros también, en algunos valles de la costa, por el acaparamiento de tierras para la expansión de las áreas agrícolas para la exportación o para la producción, en un futuro cercano, de insumo para biocombustibles.

Hay procesos en marcha, pues, que tienden al ahondamiento de la desigualdad y, por en-de, de la pobreza. Es por esto que suena como un juego perverso el que, mientras está ocurriendo eso, los estudios sobre la pobreza se vuelven más técnicamente exquisitos, y estén dirigidos a localizar donde está los pobres para compensarlos. Hay una frase de Guillermo Nugent que dice, “la redistribución confirma la normalidad de la desigualdad”. Y esto en el Perú ya se vuelve normal.

Finalmente, una última nota que me hace recordar una publicación de Jürgen Schuldt en 19952. Uno de sus argumentos centrales era que el Perú tiene tantos recursos naturales que generan renta que no necesitamos ser competitivos, pues basta aprovechar las ventajas comparativas (el hecho que la naturaleza nos dotó de grandes y variados recursos naturales). Y como no necesitamos ser competitivos, entonces podemos explicarnos por qué nuestros gobiernos no se aplican a mejorar la educación (base para la formación del capital humano, base a su vez de la competitividad). Nuestra economía genera grandes rentas, pero agrega poco valor.

Esto alcanza a la mayoría de nuestra agricultura: es poco productiva, hay escaso procesamiento. Por más que se apliquen po-líticas redistributivas, lo que generan nuestros campesinos como agricultores es poco en términos de valor. Con el tipo de agricultura predominante, sobretodo de las zonas de sierra, en las partes altas de la selva, etc., es imposible salir de una situación de pobreza. El sector informal urbano también agrega poco valor; con sus bajas productividades es imposible salir de la pobreza. Hay, pues, una serie de problemas de fondo en esto de la desigualdad, que debieran incorporarse en un debate, en una discusión de cómo enfrentar la situación de pobreza.

Regreso a la pregunta con la que inicié mis comentarios: ¿cuál es la pertinencia real de estos estudios de pobreza?


1 Anthony Bebbington (editor), Minería, movi-mientos sociales y respuestas campesinas. Una ecología política de transformaciones territoriales. IEP/ CEPES, Lima, 2007

2 “La Enfermedad Holandesa y Otros Virus de la Economía Peruana”, en: Documentos de Trabajo, No. 20, CIUP, diciembre 1994.

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La observancia de los derechos de propiedad intelectual consiste, entre otras acciones.
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