Los pueblos amazónicos marcan un desafío al neoliberalismo

Lo fundamental del movimiento social desarrollado por los pueblos amazónicos es que representa, por primera vez luego de la dictadura de Fujimori y Montesinos, un desafío al modelo económico neoliberal. Hemos tenido movimientos importantes en estos años, como el del pueblo de Arequipa contra la privatización de las empresas generadoras de energía eléctrica o los múltiples conflictos de las comunidades afectadas por la minería, pero ninguno de la dimensión nacional, la claridad programática y la fuerza organizativa como el desarrollado por las comunidades amazónicas. En este aspecto estábamos gravemente retrasados frente a otros países vecinos como Bolivia, Ecuador, Venezuela, Uruguay, Paraguay y Argentina, cuya resistencia al capitalismo salvaje les permite hoy tener gobiernos que con matices distintos afirman políticas progresistas y de independencia nacional.
El contenido de este desafío es su oposición a la privatización, por la vía de las concesiones, de la Amazonía. Este punto es especialmente importante porque todos los gobiernos en los últimos casi veinte años han hecho de la identidad entre privatización y desarrollo el eje de su política de desarrollo económico y social. Esta
identidad, sin embargo, ha tenido ya magros resultados en términos de bienestar y soberanía nacional. Los pueblos amazónicos han sido muy claros en señalar que ellos no se oponen al desarrollo, pero sí a la privatización porque, por experiencia conocen de la depredación que ella significa.
En lo inmediato esta oposición a la privatización de la Amazonía entra en colisión con el TLC con los Estados Unidos, que ha sido el tratado que ha exigido la confección de los decretos cuestionados por el movimiento amazónico. Por ello, es que causa tal nerviosismo al gobierno y a sus aliados los grandes empresarios. Este movimiento constituye entonces el primer desafío de envergadura, con una base social movilizada, contra este TLC. El movimiento “TLC así no” que hubo cuatro años atrás, significativo por su oposición a un tratado lesivo para el país, pero no importante socialmente, tiene ahora, en otras condiciones sociales y políticas, un referente social de proporciones.
Por poner entonces la discusión de un tema de fondo, como es el TLC con los Estados Unidos, sobre la mesa, es que el movimiento de los pueblos amazónicos cambia la dinámica que habían tenido los movimientos sociales en los últimos años. Hasta ahora los movimientos sociales eran, en la mayoría de los casos, sobre asuntos puntuales y solían estar canalizados por la vía de las “mesas de diálogo”, que constituían en la mayor parte de los casos un calmante pero no una solución. Con el movimiento amazónico esto se termina, los ciudadanos de la selva ya no aceptan discutir detalles ni cuestiones puntuales sino soluciones de verdad.
De allí que el dilema que enfrenta el gobierno es bastante grave. Si decide continuar con el curso represivo su apuesta será borrar a este y otros movimientos similares del mapa, pero el riesgo político que enfrenta es también inmenso. Si opta por una negociación sabe que tendrá que discutir lo que nunca ha querido poner en debate y que asume nos conviene a todos los peruanos. Esperemos por el bien de la república que las cosas puedan definirse por el segundo de los caminos señalados. 

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