La escopeta de un solo cañón

El Partido Aprista se ha hecho famoso en su actuación política en el Perú por el uso de la llamada “escopeta de dos cañones”. Con esto se ha querido decir que dicho partido casi siempre ha tenido para una misma situación política dos tácticas, que usaba no alternativa sino simultáneamente, convirtiéndose así en los maestros de la maniobra y muchas veces del oportunismo político. Sin embargo, lo que vemos en los últimos tiempos en la actuación del Presidente Alan García no es el uso de la llamada escopeta de dos cañones, sino el insistente disparo de una nueva, para el aprismo, escopeta de un solo cañón. En el camino ha dejado en el ridículo a su propio Premier que se esfuerza por establecer un tono conciliador e incluso a algunos voceros neoliberales en quienes cunde el nerviosismo ante la poca ecuanimidad presidencial.
Así, vemos que el último artículo que publicó el domingo pasado, “A la fe de la inmensa mayoría”, insiste equivocadamente en las declaraciones centrales que hizo durante el conflicto amazónico. A su vez, varios comentaristas han remontado estas últimas a los planteamientos que hiciera el Presidente hace año y medio en “El perro del hortelano” y que tienen como eje la necesidad de caricaturizar a sus oponentes y polarizar al país para que sus planteamientos tengan éxito. Pero ¿cuáles son las consecuencias de convertir a los adversarios en enemigos políticos? Un adversario es aquel al que se le enfrenta políticamente en función de las discrepancias que se tienen pero cuya vida hay que cuidar porque en democracia la minoría de hoy se puede convertir en la mayoría de mañana. Un enemigo, en cambio, es aquel al que se le ataca para destruirlo y evitar que siga teniendo vida política en el futuro. García ha convertido a la oposición, social y política, en sus enemigos y desarrolla, de esta manera, un discurso, literalmente, para destruirlos.
En este sentido, apunta el comportamiento de la bancada aprista en el Congreso, primero negándose a derogar los decretos de marras para al final hacerlo cuando era muy tarde, luego sancionando a siete congresistas nacionalistas, exageradamente y sin el debido proceso y, por último, evitando la censura de un gabinete que está condenado por la opinión tanto pública como política, ya que tienen las encuestas radicalmente en contra y si hubieran votado los suspendidos los ministros estarían hoy en la calle. De igual forma, une a la conspiración que estaría en su contra a las ONG, instituciones a las que, de nuevo, pareciera que ante la falta de enemigos a la vista, estaría tratando de ilegalizar.
El planteamiento se repite cuando se habla de formar un “gabinete de concertación” pero sólo con los “partidos democráticos” que es la jerga del oficialismo para calificar a los que piensan parecido al gobierno, incluidos paradógicamente los fujimoristas. ¿Qué concertación puede haber con ellos si ya están concertados? La única concertación posible es con los que piensan diferente en un momento en que suceden hechos que nos hacen ver que sectores muy importantes del Perú cuestionan el modelo neoliberal en funciones.
El problema con la polarización es que una vez embarcado el país en la misma suele ser muy difícil salir de ella. Es más, insistir en la polarización sólo parece conducir a un escenario que hemos sugerido como posibilidad pero luego del último artículo de García aparece como un propósito cada vez más claro: ilegalizar a la oposición de cara a las elecciones generales del 2011. Una propuesta suicida que solo puede llevar al país a una explosión social y política que debemos evitar a toda costa.

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