El derecho de todos en contra del privilegio de algunos

Por: 

Salomón Lerner Ghitis

En los próximos meses los ciudadanos peruanos tendremos la obligación de definir, entre un variado grupo de candidatos, el destino del país para el periodo 2016 al 2021. La batalla democrática es decisiva para la izquierda peruana pues supone tratar de incidir en los sectores populares más amplios, de clase media, profesionales, emprendedores con un mensaje que explique el derecho de lo público contra lo mercantil, de la democratización en contra de la mercantilización de la sociedad. Supone definir a qué país aspiramos, qué tipo de sociedad deseamos, qué tipo de educación anhelamos.
 
El problema es que en el Perú, la clase política no comprende lo que significa la economía social de mercado que instaura la constitución del 79 y, ha heredado la del 93. La mayoría de nuestros técnicos economistas creen que tenemos una economía en la que algunos se aprovechan del mercado, que no es lo mismo. Una economía de mercado de verdad tiene aspectos compactos y órganos que velan por la competencia y no por los oligopolios, organizaciones que resguardan los intereses de los consumidores y no que hacen oídos sordos y ojos ciegos cuando se trata de la defensa de las mayorías. Tenemos una mala costumbre, la legislación sirve para que unos sectores se sirvan de la economía del país y no para que la economía del país sirva a los sectores mayoritarios.

En una sociedad capitalista debe haber instituciones que arbitren y regulen el mercado a favor de las mayorías de los ciudadanos y no para cuatro o cinco grupos de poder económico. Que nadie se olvide que un mercado libre implica mejores precios, más oportunidades de competencia y, por tanto, más empresas y, en definitiva, más ayuda para que el país sea más competente.
 
Aquí en el Perú hemos sido incapaces de decirle a esos grupos de capitalistas, muchos de ellos multinacionales, que el mercado es de los peruanos y no de cuatro o cinco empresas. Esa alianza de monopolios u oligopolios se ha adueñado del mercado y ha perjudicado a cientos de medianas y pequeñas empresas y a diversos sectores económicos  que no pueden despegar porque no tienen el poder político, para que se desarrollen las políticas públicas a favor de ellos en agricultura, turismo, pesquería, gastronomía, etc.
 
La libre competencia tiende al monopolio u oligopolio privado y este no se preocupa del interés general, de allí la importancia de la regulación. El monopolio estatal, por otra parte, es malo cuando no da opción al mercado, a la competencia, pero tiene una cosa buena, que es público y responde al interés general.
 
La izquierda peruana quiere compatibilizar un sistema capitalista que funcione a través de un mercado no para algunos sino que el privilegio sea para la mayoría de los peruanos.
 
A los empresarios grandes, medianos, pequeños, nuevos, que ya están en el mercado, les decimos que creemos en la competencia, que queremos un país digno, un país sin corrupción, un país donde la gente esté educada y cohesionada socialmente, así promoveremos el consumo y se generará mayor bienestar.
 
Queremos a los peruanos como socios de esta gran empresa que es el bienestar, la redistribución y la justicia social, los queremos de aliados para crear más bienestar y poder vivir bien.

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